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Mismo problema, diferentes puntos de vista

¿Qué me está pasando?

Cuando una persona se encuentra en un estado de “enfermedad” es habitual presentar UNA INMENSA FRUSTRACIÓN por:

  1. No entender lo qué (me) está sucediendo
  2. No saber a quién pedir ayuda y cómo pedir ayuda
  3. Y, considerar que poner “manos a la obra” es más costoso que el problema en sí al perdurar en el tiempo.

Entonces…

Se empieza a posponer o procrastinar el problema principal o, en otras palabras,

La acciones pasan factura

Me siento mal, pero… mejor veo una película. ¡Total, seguro se me olvida!

Me duele el-la ____ (agregué alguna parte del cuerpo), pero… mejor me pongo a trabajar. ¡No hay tiempo para quejarse!

Me incomoda _____, pero… mejor me duermo. ¡Hay cosas más importantes que hacer mañana!

Y, al dar prioridad a otras actividades que podrían ser secundarias o triviales por sobre los signos y síntomas que estoy presentando, puede ocasionar daños irreversibles a órganos específicos y/o tejidos internos si perduran en el tiempo, provocando una enfermedad crónica con efectos desastroso o incluso, orillar a la muerte.

Las enfermedades como la diabetes, la hipertensión, la artritis, entre otras patologías que se denominan como crónicas, no aparecieron de la noche a la mañana. Hubo un proceso de deterioro de la salud y transitamos a un estado de enfermedad —como nosotros denominamos en Medicina Ortormolecular— “deficiencia nutricional”. Pero las deficiencias nutricionales no están limitadas a la edad, sino al estilo de vida al que está sometido una persona, sea infante, joven, adulto o adulto mayor.

No existen enfermedades sólo deficiencias nutricionales

Linus Pauling (1968)

No es casualidad la frase de “Escucha tu cuerpo; conoce sus posibilidades y tus posibilidades”.
Pero, ¿cómo hacerlo sin morir en el intento o que el consejo nos parezca tan ambiguo?

Los expertos han sugerido que observe(mos), toque(mos), ola(mos) y “escuche(mos)” nuestro cuerpo; una actividad compleja y “subjetiva” de comprender como habitamos nuestros cuerpos, pero, ¿por dónde empezar si muy pocas personas gozan de una educación nutricional efectiva y consiente, o educación afectiva-emocional para vincularse exitosamente con el entorno y sus seres queridos, o incluso, ¿cómo ejercer un estilo de vida-espiritual optima?

¿Un gran misterio? Un tanto sí y no… hasta ahora.

Sin información no hay transformación

La llegada de las redes socio-digítales (RRSS) masivas y globalizadas abrieron la brecha de acceso a “n” cantidad de información, que años atrás, era privilegio de espacios de educación formal (universidades públicas y privadas) congresos especializados, entre otras. Sin embargo, el estar enterad@s, hoy en día, de nuevos y atractivos estilos de vida, formas de vincularnos con los otros o vivir la espiritualidad, no asegura realmente que tú y yo tengamos acceso a información útil que fortalezca hábitos y creencias para una vida mejor, sino que maximiza la infodemia, término que hace referencia a la abundancia de información sobre un tema concreto y da la falsa percepción de disponibilidad de información (pues recibes cotidianamente notificaciones en tu celular, correo, grupos) pero no tienes certeza si los datos recibidos son correctos y verdaderos o que planes persiguen.

Por eso, al recibir información de internet (publicidad pagada, recomendaciones, grupos en WhatsApp, etc) habrá que filtrar la información de la siguiente manera:

¿Cómo me hace sentir esta información?, ¿Por qué voy a compartir esta información?, ¿Cómo sé si esta información es cierta?, ¿De dónde procede esta información?, ¿Los planes de quién podría estar apoyando al distribuir esta información?

PRIMEROS PASOS: TRIÁNGULO DE LA CONGRUENCIA para ALCANZAR OBJETIVOS REALISTAS y CON EFECTOS SIGNIFICATIVOS en el TIEMPO

Antes de poner manos a la obra y “atender” la frustración física y emocional que seguro tendrás por tu condición de la salud, realicemos el siguiente ejercicio, como punto de partida. Primero, hare uso del triángulo de la congruencia para que juntas y juntos identifiquemos los puntos de inflexión entre lo que siento, pienso y actúo:

Comencemos:

¿Quiero resolver mi problema de salud? (el valor de la voluntad)

Respuesta:_________________________________

¿Cómo quiero resolver mi problema de salud? (el valor de la disciplina)
además, identifica cuál método de intervención es el más adecuado para ti: un enfoque focalizado o personalizado*

Respuesta:____________________________________

¿Cuánto tiempo estoy dispuest@ a invertir en mi rehabilitación/terapia? (el valor de la persistencia)

Respuesta:___________________________________

Las respuestas vertidas de las preguntas anteriores serán pistas; puntos clave; inspiración; sentido de claridad y realidad cuando el consultante pierda el norte en su recuperación.

La reconciliación entre dos métodos

Ahora bien… seguro te saltó el hincapié en la segunda pregunta— sobre la distinción entre dos enfoques: el Método Focalizado y el Método Personalizado.

Para comprender lo siguiente hay que mirar hacia atrás y abordar la manera en la que se construyó el paradigma de la medicina occidental.

La medicina moderna tuvo una época Dorada (1840-1914) en la que, después de desastrosas prácticas (actualmente consideradas inhumanas) y prácticas ancestrales (que, al día de hoy, se retoman) el ser humano empezó a ganar bienestar, su esperanza de vida aumentó, se dio paso a la creación de medicamentos eficaces para la mayoría de las dolencias, aparecieron aparatos útiles para la detección de enfermedades, entre otras.

Es un hecho que la medicina es como una moneda, tiene un anverso y un reverso y pese a los avances, seguían habiendo espacios en blanco, intereses, orgullo, envidia, reticencia al cambio y miedo a perder privilegios.

Historia negra de la medicina, palma jose-alberto

El método focalizado, es el modo de ver, abordar o intervenir en la condición de un paciente muy tradicional. Por ejemplo, los estudiantes de medicina aprenden a mirar el cuerpo desde una perspectiva focalizada, es decir, encuadrar su objeto de estudio, por ejemplo, el pie, la mano, la cabeza de la misma manera que lo hace un fotógrafo al capturar un objeto con el lente gran angular en un intento de comprender que sucede con determinada zona del cuerpo, pero sin hacer interconexiones con otras partes del cuerpo que podrían, quizás, ser la causa principal de cierto signo y síntoma o verse afectadas severamente al momento de establecer un diagnóstico determinado. Mientras tanto que, la manera de dar solución a las dolencias de sus “pacientes”, es a través de herramientas con efectos precisos (específicos) y rápidos (instantáneos) que, años más tarde, descubriríamos que tendrían efectos secundarios, enmascaran signos y síntomas y debilitan órganos y tejidos.

Con la aparición de tecnologías emergentes que planteaban nuevas respuestas dentro del campo de la salud, se empezaron a escuchar términos como la medicina personalizada[1] que abrió el campo de visión en la forma de intervenir con el paciente. Pronto se descubrió que la forma de restablecer los cuerpos enfermos sería a través de la nutrición correcta y óptima. En otras palabras, poner especial atención en las reacciones bioquímicas internas presentes en el metabolismo, o, mejor dicho, las rutas metabólicas.

Por último, la ausencia o baja presencia de 40 nutrientes: 10 aminoácidos, 14 minerales, 15 vitaminas y 1 ácido graso podían ocasionar lesiones internas en los órganos y tejidos irreversibles, pero si se corrigen a tiempo, podemos rehabilitar sus funciones. Se descrubrió que estos 40 nutrientes trabajan colaborativamente en la producción de compuestos vitales para mantener un organismo biológicamente viable y estable, es decir, producir y almacenar energía, permitir el movimiento muscular, transportar los nutrientes recolectados a otros órganos y tejidos de forma “equitativa” y expulsar toxinas.

En otro artículo abordaremos a más detalle estos 40 nutrientes básicos.

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